¿El problema de la vivienda en Singapur? No hay problema.
Singapur es una isla un poco más grande que Madrid capital, con seis millones de habitantes. No hay prácticamente espacio libre. Si algún país debiera tener un problema monumental de vivienda, es este. Sin embargo, el 80% de su población residente vive en vivienda pública y la inmensa mayoría son propietarios.
Singapur no construye viviendas públicas; planifica una sociedad. No espera a que el mercado decida que hay que construir. Veinte años antes, ya se han planteado las grandes preguntas: ¿Cuánta gente habrá? ¿Dónde vivirá? ¿Qué vivienda hay que construir? ¿Qué transporte necesitarán? ¿Qué servicios públicos hay que prever? La vivienda es una pieza más del Lego.
Cuando pensamos en Singapur, nos viene a la mente una isla que es una gran ciudad. No es así. En realidad, Singapur es una red de barrios. Cada uno de ellos tiene su mega centro comercial, su mercado, sus parques, sus colegios… No necesitas «bajar» a la ciudad para nada, si no quieres. Es el concepto tan de moda de la ciudad de los quince minutos: todo lo necesario está cerca, y el transporte público conecta los diferentes clusters.
Uno de los clusters (Tampines) repartidos por la isla. Cada uno de ellos es una pequeña ciudad en sí misma.
¿Cómo funciona el sistema? Al solicitar una vivienda pública, entran en juego una serie de reglas para asignar prioridades. La política de vivienda no pretende únicamente darte un techo. Pretende producir determinados resultados sociales.
· El Gobierno siempre ha favorecido la familia nuclear: una pareja puede solicitar vivienda desde los 21 años, pero un ciudadano soltero deber esperar a los 35 años.
· El matrimonio homosexual aún no está legalizado (mira mi post sobre el tema), así que… espera.
· Tu etnia determina si tienes acceso a una promoción (mira mi post sobre el tema); el Gobierno quiere evitar concentraciones de una etnia y mantener la armonía racial.
· Tener hijos también importa. Determinadas familias primerizas, especialmente matrimonios jóvenes y familias con hijos, reciben más oportunidades en los sorteos; algunos programas reservan para ellas hasta el 40% de determinadas promociones.
· Finalmente, el Gobierno da prioridad a padres e hijos que quieran vivir juntos o cerca (4 Km o menos). En el confucionismo existe el concepto de “piedad filial”: los hijos tienen el deber de respetar, cuidar y apoyar a sus padres y mayores, reconociendo la deuda que tienen hacia ellos (es un concepto que intento inculcar a mi hija, sin éxito). Muchas parejas con hijos acogen en sus casas a sus padres mayores, o les dan una asignación mensual.
¿Tiempo de espera, preguntas? 8 de cada 10 solicitudes tienen un tiempo de espera menor de 4 años. Planificación.
Típico pasillo de una vivienda pública,. Los zapatos siempre fuera. Las rejas es algo que está en la psiqué de los singapurenses. La criminalidad es bajísima.
Y ahora, tres cosillas que siempre sorprenden cuando las cuento.
Primero, puedes utilizar parte de tus pensiones para pagar la casa. En Singapur, el dinero que te retienen es tuyo, no sirve para pagar las pensiones de la generación anterior. Ese dinero se acumula en una cuenta (que da intereses); el grueso va para tu retiro, pero parte puede ser usada para gastos médicos y para la compra de la vivienda.
Segundo, compras la casa, pero dentro de 99 años deja de ser tuya. Sí, vuelve a ser propiedad del Gobierno. Así que, si compras una casa de segunda mano, quizá solo puedas disfrutarla por 70 años. Según pasan los años, tu piso se puede revalorizar por la ubicación, pero también pierde valor de forma inexorable.
Tercero, un propietario mayor puede revender al Estado la parte final de su derecho de uso que espera no necesitar. Además de eso, hay distintas formas de adaptarse a los cambios vitales de los senior. A Kumar Srirengan, por ejemplo, le dicen: «Vende tu piso grande, compra uno más pequeño y utiliza parte del patrimonio liberado para reforzar tu jubilación. A cambio, te doy además una bonificación en efectivo». De esta forma, el Estado intenta que una vivienda que fue subvencionada durante la vida laboral se convierta también en patrimonio utilizable durante la vejez. Inteligente.
¿Son tan listos ellos? Mi explicación simplificada habitual para explicar la eficiencia de Singapur se reduce a cuatro factores: Primero, es una isla pequeña, y eso ayuda a manejar el Gobierno como si fuese una empresa. Segundo, el padre del país, Lee Kuan Yew, tenía sus sombras, pero hay que reconocer que era un grandísimo gestor con una visión a futuro muy clara. Tercero, el mismo partido ha gobernado el país durante sesenta años; eso facilita la toma de decisiones más allá de los cuatro años. Cuarto, el singapurense (y el asiático en general) es ultra pragmático: no quiere discursos e ideologías, quiere soluciones.
¿Y nosotros? En España hablamos de la vivienda como una crisis. Pero una crisis es algo excepcional. Cuando el problema dura décadas, quizá deberíamos empezar a llamarlo de otra manera.
Singapur no tiene una fórmula mágica. Tiene algo bastante menos emocionante: planificación a largo plazo, vivienda pública a gran escala y un Estado que lleva décadas preguntándose dónde y cómo va a vivir su población antes de que llegue el problema. Algunas de sus soluciones nos parecerían inaceptables. Otras, sencillamente inteligentes.
La pregunta incómoda es: si una isla de 736 km² y casi seis millones de habitantes ha conseguido que la vivienda sea un algo gestionable, ¿qué estamos haciendo nosotros mal?
Ahí lo dejo. No disparen al pianista.

